En 1977, durante una aburridísima clase
de matemáticas, un muy poco atinado intento por dibujar a un personaje de Hanna
y Barbera (Lupi di Loop, el Lobo Bueno) derivó en un personaje con una larga
nariz, que parecía más bien una rata. A los pocos días, la deforme criatura fue
nuevamente plasmada en el estuche de una paleta de tenis de mesa y pronto
apareció en los bancos de madera del colegio y en las páginas traseras de todos
los cuadernos del resto de las aburridísimas materias,
Fue definitivo, se trataba de una rata
que vistía corbata. El personaje evolucionó fisonómicamente ese mismo año, pero
hasta entonces nunca había cambiado de pose ni abierto los ojos y lo peor: no
encontró jamás una razón para existir… era sólo un dibujo que se reproducía en
cuanto hubiera un momento de aburrimiento, un bolígrafo y una superficie
disponible.
En 1989 hubo una oferta para producir una
historieta sobre la conquista de América para el vespertino Última Hora de La
Paz, que tuvo una interesante aceptación del público, sin embargo, lo realmente
llamativo era la positiva disposición para con los cómics de la célebre
periodista, Ana María Romero, quien se encontraba de casual visita en el
periódico, y solicitó la presentación de propuesta de un trabajo mucho más sencillo,
más rápido y menos culto, que sería publicado por el matutino católico
“Presencia”. Había llegado el génesis para la somnolienta rata que durmió por
12 años. Necesitaba un nombre y lo tomó prestado del memorable Evaristo Valle;
también necesitaba una personalidad y la encontró en el insolente Rock`roll de
los Rolling Stones.
Cinco originales fueron enviados a la
entusiasta directora de Presencia,
que al verlos quedó convencida de que gustarían a los jóvenes, Así Evaristo
ingresó al mundo público y se quedó por un año junto a tiras clásicas (Mandrake
el Mago, Mafalda, Dagwood y Blondie, etc.). Desde entonces no dejó de aparecer
en otros seis matutinos del país hasta 1999.
La vida no siempre es un plácido viaje y
a pocos meses de cambiar el milenio, Evaristo volvió a desaparecer de la vida
pública; no es que hubiera perdido popularidad ni mucho menos, de hecho para
entonces ya vendía sus propios crucigramas, clases de dibujo para niños y
entretenimientos dominicales, lo que había sucedido es que las cosas urgentes
de la vida sencillamente no permitieron las dos horas diarias destinadas a
dibujar la tira cómicas.
Ahora, la providencia ha compensado el tiempo
arrebatado, y Evaristo vuelve a escena a colores y con una segunda cuadrilla de
tiras.
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